jueves, enero 27, 2022

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    AIRES BUENOS EN MI CAMA 3: TRIBULACIONES DE UNA SEÑORA EN MEETIC

    Solo apto para muy mayores. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si te sientes identificado, ten por seguro que no se trata de ti, pero cuéntame en los comentarios tu experiencia en Meetic o aplicaciones similares.


    AIRES BUENOS EN MI CAMA 1: TRIBULACIONES DE UNA SEÑORA EN MEETIC

    AIRES BUENOS EN MI CAMA 2: TRIBULACIONES DE UNA SEÑORA EN MEETIC


    EFE, el indeseable

    Bueno amigos, ya sabemos que no todo va a ser gozadera en esta vida y esta vez me tocó lidiar con un ser indeseable llamado EFE… Hace tiempo que, por experiencia, he descartado la decepción. Yo no esperaba nada concreto, digamos que estaba abierta a todo, y hubo de todo, como en botica. Confieso que en Meetic no encontré nada extraordinario… Esto es una afirmación poco apropiada porque la vida, en sí misma, es extraordinaria, pero EFE superó todas mis expectativas. Gracias a él, clausuré mi experimento socioamoroso; EFE fue el último hombre al que me acerqué.

    Tengamos en cuenta que en Meetic se puede apuntar cuanto hijo de vecino lo desee, y la página no somete a nadie siquiera a un breve y básico cuestionario elemental. EFE no hubiese superado el filtro. 

    Cuando llegó un corazoncito de EFE, mis ojos hicieron chiribitas y casi me pongo a dar saltitos en el salón de mi casa. ¡Me gustaba! Era un hombre alto, bello y flaco como los que yo soñaba antes, cuando todavía soñaba con hombres. Miré todas sus fotos y en todas me resultaba atractivo. Además, tenía cara de intelectual, y lo digo para elevar el dicho “las apariencias engañan” porque están sujetas a nuestra subjetividad, que no tiene nada que ver con la realidad… y pensándolo bien, ¿qué garantiza la intelectualidad respecto a la bondad, la inteligencia y el amor de un ser humano? Nada.

    Cuando llegó un corazoncito de EFE, mis ojos hicieron chiribitas y casi me pongo a dar saltitos en el salón de mi casa. ¡Me gustaba!

    Después de chocar con un tipo como EFE, cualquiera hubiese debido tomarse un descanso largo, prolongado, ¡un siglo sabático! Yo lo resolví respirando hondo, muy hondo, tan hondo como para poder llegar a la clara conclusión de que EFE era simplemente una de las mil puntas de la estrella que es la vida y que yo debía escribir esta experiencia para liberarme de ella. De modo que, si alguien disfruta con mis tribulaciones escritas, se lo puede agradecer a EFE.

    Primero elegí cuidadosamente el adjetivo para el título y me quedé descansada. No tengo calificativos mayores para describir a EFE, que a sus 60 años es el fruto más inmaduro del árbol. 

    A lo que vamos. Tuvimos la primera conexión esa misma noche y chateamos de maravilla. EFE era rápido (y yo impaciente) de modo que el chateo fue fluido, divertido, alegre, chispeante y ágil. Lo tuvo todo y yo me sentí en la gloria, eso que en las casitas de Barbie se nombraría como una conexión de ensueño y un feeling total. Al final del chateo, cuando supo que soy escritora y editora se le subió la bilirrubina y me encumbró de una forma un tanto sospechosa. Llegó a darme las gracias encarecidamente y aseguró que yo era muchísimo más de lo que jamás podía haber soñado.

    Los halagos excesivos me mosquean. Me caí del árbol al recordar con total plenitud lo poco que me gustaban los pedestales cuando era jovencita. A tierna edad me di cuenta de ese fenómeno. Y decía: No me subas al pedestal que luego me tiras al suelo y si puedes, me pisas…

    Es difícil lidiar con las expectativas y decepciones de un inmaduro… Qué lástima EFE, con lo guapo que eres (suspiro). Ya me lo decía mi amiga Armonía, que murió muy joven… Rosa, ten mucho cuidado con los tontos y los locos. 

    Es difícil lidiar con las expectativas y decepciones de un inmaduro… Qué lástima EFE, con lo guapo que eres (suspiro).

    EFE estaba tan entusiasmado que quería verme ese mismo domingo. Pretendía que me personase en su pueblo natal “el pueblo más bello de Andalucía” el sábado, y el domingo me llevaría a ver la carrera de las lanchas voladoras en la Bahía de Cádiz. Yo hice un llamado a la calma. No voy a cruzar España por alguien con quien solo he chateado una vez, no estoy para grandes locuras. Santa Sensatez.

    A EFE no le gustó la negativa y dejó pasar tres segundos eternos durante los cuales, no sé por qué, escuché la voz de mi padre “agárrate que vienen curvas”. Omití las curvas y me dormí pensando en EFE.

    Pasaron dos días y, justo cuando empezaba a olvidarme del flaco, empieza otra conversación por chat. Probablemente mi subconsciente se estaba desapegando ya de cualquier posibilidad con EFE (qué listos somos en el fondo) porque le dije que yo me paso todo el tiempo escribiendo y no me gusta nada cerrar el día escribiendo encorvada sobre una pantallita enana, con un teclado minúsculo donde los dedos se atropellan sobre la misma tecla… Y en ese momento, EFE pulsó el botón de vídeollamada, y enseguida la acepté, emocionada, olvidando las señales, el pedestal, las curvas de mi padre y la condición que siempre pongo: escuchar la voz de alguien, antes de verlo. La voz me parece un ingrediente fundamental para la atracción. Por muy flaco y bello que sea un hombre, si habla feo queda descartado. Pero me tiré de la guagua andando.

    Por suerte EFE tenía una bonita voz, aunque no puedo decir lo mismo de las palabras que usaba. En el primer minuto, durante el cual no pude meter ni una sola cucharada, me dijo “tía” unas cinco veces. Cuando se dio un respiro en su carrera de palabras atropelladas y yo ya tenía ganas de colgar, empezó a fijarse en mí, me escudriñó toda y al fin dijo… Tú, editora catalana, que eres tan lista, dime qué… El tono no me gustó y por esas cosas del sexto sentido lo corté y le pregunté si se estaba tomando algo. Me dijo que sí, que un tequila y que era su bebida favorita. De hecho, coleccionaba botellas vacías de tequila.

    Ay, mi madre…

    Enséñame tu casa en el pueblo más bonito de Andalucía, EFE, dije para despistar. Se negó, dijo que su casa era muy fea, muy fea y tratando de averiguar el porqué, parece ser que la tenía llena de bultos de cosas, de desorden y suciedad. No hay cosa más horrible que ésta, montones, bultos por dondequiera. ¿Qué inercia fue la que me impidió colgar en ese mismo momento? Mi inconsciente ya lo había hecho, pero yo seguía en línea y él reconectó con la pregunta perdida:

    -Qué…! Editora catalana, a ver ¿quién es Azorín?

    -Un escritor español de la generación del 98

    -No, no… lista, ¿su verdadero nombre cual es?

    -No tengo ni idea, pero vamos, que si quieres lo busco en Google.

    -Parece mentira! ¿Y tú te llamas editora? ¡Vaya farsa, tú no eres lo que dices!

    -¡Tío, lo que no soy es una enciclopedia!

    Llegados a este punto ya solo aspiraba a mantenerme atenta, a la observación, que me divierte por sí sola.

    -Te voy a dar una segunda oportunidad, tía: En qué año ganó el nobel Bob Dylan.

    -Bob Dylan… no sé… creo que fue el 2012 o así… pero lo mismo, eso…

    -¿Que no sabes? ¿Que no lo sabes? -interrumpió- eres una farsante!

    Insistía a gritos en lo de la farsa (dime de qué hablas…) y confieso que en este punto me sulfuré un poquito:

    -¡Oye tío lo que tú buscas es una Wikipedia con tetas, tío déjame en paz tío!

    -¡Desde luego, qué decepción tía, los hombres como yo estamos desprotegidos ante las farsantes como tú!

    Mi carcajada fue sonora y, en este momento él empezó a desvariar, se metió en asuntos de denuncias, de policías, de guardias civiles y otras burradas en las que me negué a participar, dejándolo hablar solo en una especie de delirium tremens alcohólico… hasta que dije:

    -EFE, en este mismo momento dejas de existir.

    Colgué, lo bloqueé en WhatsApp, lo bloqueé en Meetic, respiré muy hondo y pensé: EFE, en una hora me subiste a tu pedestal, me encumbraste y me tiraste, me pisaste y me enterraste. Lo que tú no sabes es que soy semilla y, cuando me entierran, solamente tengo que esperar un poquito a que llueva, y vuelvo a renacer. Y tú continuarás siendo el tío más abandonado, del pueblo más bello de Andalucía.

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