Friday, December 3, 2021

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    NI HAO 1 – PRIMER DESTINO: BANGLADESH

    Una vez dejé un mensaje en el buzón de voz de Siglo XXI que decía: “Me largo a Bangladesh, ahí os quedáis en esta olla a presión que os habéis fabricado entre todos”. Era septiembre de 2006.

    Cuando te vas de viaje a un país en el que no has estado antes, inmediatamente te asaltan las diferencias con el tuyo. Cuando estuve en Bangladesh por primera vez, en mayo de ese mismo año, la primera y abrumadora diferencia fue la falta de estrés desde que pisé el suelo del aeropuerto de Dhaka.

    Dhaka, capital de Bangladesh, es la ciudad con mayor densidad poblacional del mundo. Cuenta con 44.500 habitantes por kilómetro cuadrado según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

    Recién llegado desde Sevilla, desde Madrid, desde las pitadas y los insultos de los conductores estresados, me encuentro con cientos de personas tras las vallas de la terminal vestidos con lungis, লুঙ্গি en bangla, que son los pareos que se ponen los hombres allí, y con three pieces las mujeres, que son saris de a diario, coloridos, verdes, naranjas y rojos.

    Están allí para ver qué pescan y también por curiosidad, porque, claro, ver salir a una noruega rubia, por ejemplo, de aquellas puertas, es todo un espectáculo. Y qué pueden pescar, pues lo que cualquier extranjero les pueda pedir por dinero, llevar las maletas, conseguir un taxi o un rickshaw, que es el triciclo a pedales para dos pasajeros y un conductor donde se desplazan habitualmente, agua, comida, un hotel…

    “Lungis, লুঙ্গি en bangla, son los pareos que se ponen los hombres allí, y con three pieces las mujeres, que son saris de a diario, coloridos, verdes, naranjas y rojos”

    A donde yo realmente quería mudarme era a Japón, pero se presentó la oportunidad de Bangladesh, clara y rotunda en forma de contrato de trabajo, y la cogí pensando que Japón quedaría entonces a solo cinco mil kilómetros en vez de a once mil.

    En 2006 yo no sabía ni siquiera dónde estaba Bangladesh exactamente, me sonaba que por el sur de Asia, allá cerca de Camboya, Laos y demás. Busqué en internet y vi que Bangladesh era a India lo que Málaga es a Cádiz, por hacer una comparación geográfica.

    ¡Es tan distinto el olor de Bangladesh al olor de España! Bangladesh huele a humedad, a la humedad que se queda dentro de un armario o un cajón cerrado durante mucho tiempo. Ese olor se me ha quedado dentro y cada vez que lo huelo por casualidad se me acelera el pulso, porque en Bangladesh me pasaron muchas cosas. De las que no se olvidan.

    “¡Es tan distinto el olor de Bangladesh al olor de España!”

    Lo primero que hicimos mi mujer, que viajaba conmigo, y yo, fue alojarnos en el Dutch Club. Podríamos habernos quedado en un hotel, pero cuando estuvimos de visita en mayo ya nos dimos cuenta de que los clubs eran más interesantes que los hoteles. En los clubs es donde se concentraba la movidilla de los extranjeros que estaban allí por trabajo. Y todos estábamos por trabajo. En 2006 no iba nadie a Bangladesh a hacer turismo. Había ocho clubs, de siete países distintos más uno internacional. El Dutch Club era el holandés.

    Yo no tardé ni cinco minutos en sentirme a gusto en Bangladesh, pero soy consciente de que eso es una peculiaridad mía, mi mujer tardó más de tres meses en adaptarse, a punto estuvo de abandonar (y de arrastrarme a mí con ella), pero aguantó, traspasó la cresta de la ola de las dificultades y, al otro lado, estaba el país más mágico del mundo.

    Bangladesh es el octavo país más poblado del mundo.

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