Friday, December 3, 2021

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    Aires Buenos en mi cama 2: tribulaciones de una señora en Meetic

    Solo apto para muy mayores. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si te sientes identificado, ten por seguro que no se trata de ti, pero cuéntame en los comentarios tu experiencia en Meetic o aplicaciones similares.


    AIRES BUENOS EN MI CAMA 1: TRIBULACIONES DE UNA SEÑORA EN MEETIC


    Jota, el eterno seductor


    Si esto se tratase de una competencia para valorar mis encuentros
    amorosos en Meetic, el primer premio sería, sin duda, para Jota, ‘El Eterno
    Seductor’
    . Sería un premio en base a diversas expectativas que Jota superó
    con creces, la primera de las cuales fue su nivel de expertura sexual y la
    segunda, no menos importante, la capacidad de reír y hacer reír. Por eso,
    tengo el placer de hablar de él antes que de ninguno.


    Tengo alquilada una bonita casa de campo en el pueblo más
    pequeño de España, una pedanía de ocho o nueve viviendas de piedra, desde donde se divisa un horizonte amplísimo porque se halla en mitad de una enorme llanura de campos infinitos de trigo y olivos.


    Jota aterrizó en su nave espacial a las 7 de la tarde, en agosto. Las
    tardes allá no son muy calientes porque siempre corre una brisilla, pero
    esa tarde la recuerdo tórrida, y no digamos la noche… Digo nave espacial,
    no porque J pareciera un marciano sino porque el coche era lo más grande
    y brillante que he visto en mi vida. Aquel Mercedes hizo entrada en el
    jardincito de campo y lo llenó todo, de cabo a rabo. No cabía ni una brizna
    de hierba.

    Tribulaciones de una señora en Meetic
    Ilustración ficticia de Jota presentándose en su Mercedes.

    Ante mi cara pasmada, J saltó casi ágilmente de su reluciente nave,
    me repasó de arriba abajo y parece que le gustó lo que vio, porque me
    ofreció una gran sonrisa, quizás excesivamente larga. Ese par de gestos ya
    me mostraron con claridad la enfermedad de la seducción y supe, en
    aquél mismo momento que Jota venía a por mí, igual que habría ido e iría
    en lo sucesivo por el resto de conquistas que consiguiera en Meetic. Eso
    me relajó… El hombre era gracioso: pequeño, redondito y llevaba un polo blanco impecable, metido dentro del pantalón, a la vieja usanza.

    De inmediato levantó el capó con un gesto exagerado, enfático para dirigir mi
    atención a los palos de golf que llevaba en el maletero y observé todas
    aquellas cabecitas que asomaban de la bolsa, tan relucientes como la
    nave. Nunca sabré si lo hizo para certificar que venía de jugar al golf o para
    demostrar más poderío…

    “El hombre era gracioso: pequeño, redondito y llevaba un polo blanco impecable, metido dentro del pantalón, a la vieja usanza


    Jota no había cerrado la puerta ni había apagado la música. Un
    maravilloso funkie negro, años 90 y una tenue luz azul emanaban del
    interior de la nave. Él captó mi curiosidad y me invitó a entrar en el coche.
    Una vez en el interior, subió la música y volvió a sonreír. Mis elogios y
    aspavientos sobre el sonido, el musicón, la luz y la piel de los asientos le
    encantaron, incluso soltó una carcajada.


    Mi casa también le encantó. Jota es un hombre tremendamente
    curioso.
    Lo miró todo, lo repasó todo, aceptó una copa de vino blanco,
    conversamos un poco y me invitó a cenar al pueblo. De nuevo en la nave
    espacial con el funkie a tope, entendí la importancia que Jota le daba al
    brillo. Sus padres fueron los guardeses de una casa señorial y él se había jurado que nunca más le diría señorito a nadie. Jota era divertido, nos reímos de lo lindo a base de tonterías insustanciales y pagó la cena sin
    rechistar.


    ¿Estás cansado? En ese deporte se anda mucho ¿no?
    No… estoy a tope de energía, yo juego con caddy y carrito –
    respondió en tono de confesión.


    Una vez en casa, Jota ya estaba verdaderamente impaciente por
    conquistar la cima. Yo preparé unos gintonic con delicioso esmero: Gin
    Mare, lima fresca, tónica… y él me invitó a sentarme a su lado. Al acto
    empezó a meterme mano y a darme besos. Lejos de sentirme caliente o
    deseosa, yo no sabía cómo ponerme ni donde mirar, hasta que decidí
    entregarme, soltarme y llevar la experiencia hasta el final.

    Me divertí mirando el desparpajo con el que ese ser redondito, pequeño y feo se sacaba la ropa

    Acerté, porque Jota era un experto y me hizo gozar y reír. Me divertí
    mirando el desparpajo con el que ese ser redondito, pequeño y feo se sacaba la ropa. Me divertí cuando me la quitaba a mí, entre bromas absurdas.
    Me divertí cuando mi frialdad se convirtió en calentura porque Jota sabía muy bien donde estaban el clítoris y todos los demás artilugios del cuerpo femenino, algo que dominaba a la perfección.

    Era un experto amante, y además hablaba en la cama. ¡Qué suerte tuve! A los pocos minutos yo estaba por completo entregada a las mañas de Jota. Vistas sus ganas de gozar, le indiqué la localización del bote de aceite de coco sobre la mesilla de noche y lo que siguió fue una locura de placer femenino y un desparrame de líquidos de ambos.


    Jota me preguntó si yo no quería comérmelo a él y le contesté que
    no, que para la primera vez ya estaba bien así. Adiviné su contrariedad,
    pero pasados tres segundos estaba roncando y yo me trasladé a otra
    habitación.
    Por la mañana me despertó con sus bromas banales y
    continuamos con la risa floja. Yo puse tostadas, mantequilla, mermelada,
    fruta y café en la mesa larga y Jota lo engulló todo como si no hubiese un
    mañana, al tiempo que soltaba más bromas insulsas.


    Cuando lo acompañé a su nave marciana para despedirlo, me agarró
    las manos, las apretó y me miró fijamente con la intención de captar mi
    total atención:


    -Recuerda que esta semana estoy con los panameños y no te podré
    llamar ¿de acuerdo?
    -No se esfuerce, señorito, le contesté. Tiene 65 años y la bendición
    del dinero. Es usted, y lo será hasta que no se le levante, un seductor
    eterno. Disfrute mientras pueda.


    La nave nodriza se elevó por los aires y, efectivamente, jamás supe
    de Jota.

    PD: Feos al poder, porque ellos saben que lo tienen que hacer bien y
    al final lo que importa en la cama es que lo hagan bien.
    Ellos tienen un
    valor añadido, un sexto encanto que les guía por el camino del buen trato,
    el que deja un buen recuerdo en el corazón y también en el clítoris. Vivan
    los feos porque son gozadores.

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